¿QUÉ HAREMOS?

El cuadro que se enfrenta en el caso de la hermana Danielle Tavares trae a la luz una duda cruel: “¿Cómo orar en esa situación?”

¿Debemos orar por la sanidad? ¿Hemos que orar simplemente pidiendo que la voluntad de Dios se cumpla? ¿O es necesario primero orar para que Dios revele su voluntad, para entonces, solo después de sabernos la voluntad de Dios, orar para que la voluntad revelada por Dios se establezca?

Dependiendo de la situación, cada una de las tres respuestas puede ser la correcta.

Cuando oramos genéricamente, sin tener algo en mente, Jesús nos ordenó que pidiésemos su voluntad (San Mateo 6.9,10). Eso porque, cuando colocamos nuestra vida dentro de una rutina establecida por la palabra de Dios, automáticamente las cosas comenzaran a ocurrir en nuestras vidas conforme la voluntad de Dios (Romanos 12.12; San Mateo 6.33,34).

Sin embargo, cuando oramos específicamente acerca de una cosa a respeto de la cual la Biblia no revela nada acerca de la voluntad de Dios, el ideal es que busquemos entender cual sea la voluntad de Dios acerca del tema, pues el Señor puede tener una solución que ni pasó por nuestra mente (I Corintios 2,9) y que sólo por el Espíritu Santo podremos conocerla (I Corintios 2.10).

Cuando eso ocurre, el conocimiento de la revelación de la voluntad de Dios para nuestra vida tiene la fuerza de una promesa, y, por su vez, la promesa genera la fe, la convicción de aquello que no hemos visto (Hebreos 11.1). La oración con base en esta convicción tiene una fuerza explosiva, y es esta fe que mueve las montañas (Lucas 17.6). La fe es como un grano de mostaza. Si usted tiene un grano de mostaza, puesto que de las menores semillas, tendrá también la fe de que tendrá un árbol partiendo de aquella semilla. De igual manera, si usted tiene la promesa de Dios, con el fundamento en esa promesa usted puede tener la fe que remueve montañas. Así, si usted cree que puede ordenar a una montaña para que se mueva, sin tener la promesa de Dios, eso no pasa de pensamiento positivo. Pero, si usted tiene la revelación de que Dios quiere que la montaña se mueva, entonces la creencia en que la montaña se moverá al usted ordenarla será fe.

Sin embargo, hay cosas que a respeto de las cuales Dios de antemano reveló su voluntad genérica, y, cuando en casos específicos aquello no fuera su voluntad, él revelará.

Entre otros ejemplos de esta última hipótesis, vamos destacar tres:

a) Salvación – Dios desea que todos sean salvos y lleguen al pleno conocimiento de la verdad (I Timoteo 2.4). Cuando vamos clamar por la salvación de una persona, no necesitamos condicionar nuestra oración a la voluntad de Dios, pues hacerlo, aunque tenga apariencia de sumisión a Dios, representa en verdad incredulidad en la palabra expresa de Dios registrada en el verso de referencia;

b) Bautismo con el Espíritu Santo – Dios quiere que todos sean bautizados con el Espíritu Santo. La promesa es para toda la carne, independientemente de méritos. Todo el creyente debe creer que Jesús quiere bautizarlo con el Espíritu Santo. En el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre los judíos, todos fueron bautizados con el Espíritu Santo y hablaron en nuevas lenguas (Hechos 2.4). De igual manera, cuando en la casa de Cornelio el Espíritu Santo fue derramado sobre los gentiles, todos fueron bautizados con el Espíritu Santo (Hechos 10.44-46). Por eso, San Pablo declara: “Yo desearía que todos vosotros hablarais en lenguas” (I Corintios 14.5). La regla es todo el creyente recibir el bautismo con el Espíritu Santo. Si usted aun no es bautizado con el Espíritu Santo, Jesús quiere bautizarle. ¿Puede existir alguna oportunidad que Jesús no querrá? Puede, pero en ese caso el propio Espíritu va a revelar la excepción a la regla y la razón por la cual, en aquel caso, Jesús no quiere derramar de sua Espíritu, como fue en el caso, por ejemplo, de Simón, el mágico, en Samaria (Hechos 8.17-24);

c) LA SANIDAD DE LOS ENFERMOS – En la puesta en marcha a los discípulos, Jesús dijo: “estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán serpientes en las manos y, aunque beban cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (San Marcos 16.17,18).

Pensar que solamente podemos orar por la sanidad de una persona si el Espíritu Santo revelar que quiere sanarla no es piedad, pero incredulidad en las palabras de Jesús, pues esa es la regla. Cuando Jesús no quiere sanar, él podrá hacerlo. Él es soberano, pero como Dios no puede negar a si mismo, Él nos hablará que va sanar, y consolará nuestro corazón, nos haciendo tener la convicción en nuestro espíritu de que, en aquel caso, hay un propósito divino superior a la sanidad.

Así, el creyente espiritual deberá luchar por la sanidad como si ese fuera el único camino posible. Pero deberá estar listo a aceptar los designios de Dios específicos para un caso también específico.

Un ejemplo clásico vemos en David: él luchó con uñas y dientes por la sanidad de su hijo. Por siete días estuvo ayunando y orando. Al fin de aquel periodo, recibió la noticia de la muerte y no de la sanidad. Recibió con naturalidad. Él estaba tranquilo, pues había cumplido su papel… y Dios, por su vez, cumplió su papel… y hizo lo que era mejor para su Reino (II Samuel 12.16-23).

Por lo tanto, como siervos de Dios, debemos orar por la sanidad, con fe. Si quedamos con miedo de orar por la sanidad, pensando que esa puede no ser la voluntad de Dios, estaremos aniquilando nuestra fe. Es ese miedo y ese racionalismo que han sacado los milagros de la iglesia.

Pero, ¿y si Dios no quiere sanar? Bien, eso es una cuestión para Dios. Mientras Él no revela su voluntad específica, para un caso también específico, de que no quiere sanar, yo DEBO apegarme en su palabra… y su palabra nos manda sanar a los enfermos: “Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (San Mateo 10.8).

Esa es la promesa. Eso es nuestro deber. ¡Aleluya!

About The Author

Pr. Humberto Schimitt Vieira

Presidente da Igreja Pentecostal Assembleia de Deus Ministério Restauração, no Brasil, e do “Restoration Ministries”, nos Estados Unidos da América. Bacharel em Teologia, é conferencista, editor, professor de Missiologia e autor de diversos livros

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